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El Mediterráneo de los Califatos y las Taifas (929-1094)

Claves para entender

El Mediterráneo hacia el año 1000

Hacia el año 1000, el Mediterráneo no era un mar unitario, sino un sistema fraccionado de cuencas y de mares (como el de Alborán o el Balear) que servían tanto de frontera como de puente entre civilizaciones. Este espacio, al que Fernand Braudel denominó un continente líquido, se encontraba en un punto de inflexión histórico caracterizado por una profunda fragmentación política compensada por un dinamismo comercial extraordinario.

Los rasgos fundamentales del mediterráneo de los Califatos y las Taifas (929-1094)

La coexistencia de tres mundos

El ámbito mediterráneo estaba dividido en tres grandes bloques civilizatorios: el Occidente cristiano (heredero de Roma), Bizancio (de tradición griega) y el mundo árabe-islámico. Este último, aunque dividido internamente en los califatos abasí, fatimí y omeya, ostentaba una hegemonía marítima que solo empezaría a declinar con el cambio de milenio.

La primacía del poder naval

En esta época, se comprendía que los imperios se ganaban y se perdían sobre el agua. El control del espacio marítimo (talasocracia) era la clave no solo para la victoria militar y la expansión del ŷihād, sino para el dominio de las rutas comerciales que unían Oriente con Occidente.

Al-Andalus como potencia marítima

Bajo el Califato Omeya de Córdoba, especialmente durante los reinados de Abd al-Raḥmān III y al-Ḥakam II, al-Andalus se consolidó como una de las grandes potencias del mundo occidental. Su poderosa armada y sus activas flotas mercantes dominaban el Mediterráneo occidental, protegiendo intereses que iban desde el comercio de esclavos y productos de lujo hasta el suministro vital de cereales desde el Magreb.

El «Canal de la Mancha» mediterráneo

Un eje de especial relevancia era el espacio entre las costas del Sharq al-Ándalus (Levante) y el Magreb central, una zona de navegación bonancible que funcionaba como una vía prioritaria hacia Oriente. Puertos como Almería, Pechina y Denia eran los nodos principales de esta red que conectaba la Península con plazas norteafricanas como Orán y Tenes.

El inicio de una nueva era

Hacia el año 1000, la hegemonía absoluta del Islam comenzó a ser desafiada. Bizancio había recuperado bases estratégicas como Creta (961) y Chipre (965). Simultáneamente, las repúblicas marítimas italianas (Amalfi, Venecia, Pisa y Génova) empezaban a emerger como los nuevos dueños del mar, aprovechando la desintegración del poder califal para convertir el Mediterráneo en el escenario de su futura prosperidad económica.

El Sistema monetario y los intercambios

Durante el periodo califal y el inicio de las taifas, Al-Andalus era una sociedad intensamente monetizada, impulsada principalmente por la necesidad de cumplir con las obligaciones fiscales del Estado.

Tipos de Moneda

Los intercambios se realizaban fundamentalmente con tres metales-

Dinar (Oro)

Utilizado para el comercio de larga distancia y grandes transacciones. Durante el siglo XI, la emisión de oro se concentró en lugares como Sevilla, mientras que en otros reinos circulaban dinares o fracciones de origen fatimí. En los condados catalanes, las monedas de Denia eran conocidas y aceptadas como «oro denesco».

Dírham (Plata)

Era la moneda común para los intercambios regionales. Sin embargo, el siglo XI estuvo marcado por la crisis de la plata, donde la ley (pureza) de los dírhames cayó drásticamente, llegando a tener menos del 10% de plata al final del periodo.

Felús (Cobre)

Monedas de escaso valor para transacciones cotidianas. Ante su escasez en ciertos periodos, se generalizó la práctica de fragmentar los dírhames de plata (cortándolos) para usarlos según su peso.

Intercambios Internacionales

El comercio con el Egipto fatimí era vital; barcos andalusíes de Almería o Denia transportaban seda y cinabrio a cambio de oro, piedras preciosas y productos de lujo de Oriente.

La piratería y el corso

En el siglo XI, la dinámica general del Mediterráneo estuvo caracterizada por el predominio de la piratería y el botín de guerra sobre un comercio regularizado. La agresividad naval de las taifas provocó la reacción de las repúblicas marítimas italianas (Pisa y Génova), que comenzaron a saquear puertos andalusíes como Almería (1089), Tortosa y Valencia (1092) en represalia, marcando el inicio del declive de la hegemonía naval musulmana.

Corso vs. Piratería

Aunque técnicamente el corso requería una autorización oficial para atacar al enemigo, en la práctica la línea era muy difusa. Muchas taifas, especialmente la de Denia, utilizaron la piratería como un instrumento de estado (jihad) para expandir su poder y financiar su economía.

Se estima que en la Taifa de Denia, los botines obtenidos mediante el hostigamiento a puertos cristianos (como Pisa, Narbona o Barcelona) podían representar entre un tercio y un cuarto de la recaudación total del soberano.

El Tráfico de Esclavos

Uno de los motores principales de la piratería era la captura de esclavos (saqāliba), una mercancía de altísima demanda en el mundo islámico para funciones domésticas, militares y administrativas. Centros como Pechina (Almería) o la isla de Creta funcionaron como bases para este tráfico humano.

  1. El Mediterráneo hacia el año 1000.
  2. Las grandes potencias:
    • Califato de Córdoba.
    • Fatimíes.
    • Bizancio.
    • Venecia.
    • Pisa.
  3. Las rutas comerciales del Mediterráneo occidental.
  4. La aparición de la Taifa de Valencia.
  5. Denia y el control naval del Sharq al-Ándalus.
  6. Valencia entre Córdoba, el Magreb y el Mediterráneo.
  7. El Cid y el final del sistema taifa.

Bibliografía

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Historia de Valencia
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