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La destrucción de Valentia del 75 a.C.

En el 75 a.C., durante las guerras sertorianas, Pompeyo el Magno arrasó Valentia tras la cruenta Batalla del Turia. La arqueología revela un incendio devastador y una macabra escena del crimen en el foro con soldados descuartizados y empalados. El hallazgo de proyectiles de balista y un tesoro de denarios confirma el pánico y la violencia del asalto.

La destrucción de Valentia del 75 a.C.

Claves para entender

  • Pompeyo el Magno arrasó Valentia tras la Batalla del Turia, enmarcada en el violento conflicto civil de las guerras sertorianas.
  • La arqueología revela una escena del crimen con soldados mutilados y empalados, evidenciando ejecuciones públicas brutales como escarmiento.
  • Un incendio sistemático redujo la urbe a cenizas, provocando un silencio histórico y abandono total durante cincuenta años.
La destrucción de Valentia del 75 a.C. Infografia verticalde la batalla, destrucción valenctia hasta reconstruccion
La destrucción de Valentia del 75 a.C. Infografia horizontal de la batalla, destrucción valenctia hasta reconstruccion

Las guerras sertorianas: un poco de contexto histórico

Roma se desangraba en conflictos internos y las guerras civiles no conocían tregua. Entre el 80 y el 72 a.C., la península ibérica ardió con la llegada de un general renegado, Quinto Sertorio. Desafió a la facción del dictador Sila que en ese momento dominaba Roma y huyó a Hispania. Los lusitanos lo eligieron su líder buscando así liberarse del yugo impuesto por los Romanos.

Debemos entender que Sertorio no era romano al uso. Fundó una Hispania independiente con su propio Senado, creó una escuela para hijos de jefes tribales donde eran educados para la élite a la vez que rehenes. Convirtió la resistencia en un Estado paralelo que creó gran conmoción en Roma.

Roma envió a sus mejores generales, pero todos fracasaron. Metelo Pío no pudo con Sertorio, por lo que el Senado, desesperado, llamó a Pompeyo. El joven general llegó con un ejército enorme. Tampoco logró una victoria decisiva, pues Sertorio dominaba la guerra de guerrillas. Conocía el terreno mejor que nadie y usaba espías y tácticas confusas.

Pompeyo perdió varias batallas importantes y la guerra se enquistó. Hispania se dividió entre dos bandos. Las ciudades sufrían cambios constantes de dueño, sufriendo gran violencia en cada transición. Valentia, fundada en el 138 a.C., quedó arrasada tras la Batalla del Turia. Las tropas pompeyanas la destruyeron por completo. La violencia superó todo límite.

Pero Sertorio no cayó por la espada enemiga. Su lugarteniente Perpenna lo traicionó en una cena y lo asesinó. Sin su líder, la rebelión se derrumbó. Pompeyo acabó con los restos e Hispania volvió a la esfera Roma, pero con heridas abiertas.

Sertorio, el rebelde perfecto

Quinto Sertorio venía de Sabina, una región humilde. Nunca encajó en la aristocracia romana. Era un militar brillante y un político astuto. Perdió un ojo en las guerras contra los cimbrios, lo que le daba un aire amenazador. Sus soldados lo adoraban por su cercanía, pues compartía las penurias de la tropa y no se escondía en tiendas de lujo.

Su gran idea fue crear una Roma en el exilio hispano, por lo que fundó Osca (Huesca) como su capital alternativa. Reunió a senadores leales y formó una curia propia. Los jefes íberos y celtíberos lo vieron como un libertador, por lo que se ganó su apoyo. No impuso las costumbres romanas con violencia: mezcló culturas y ganó corazones.

Fue un maestro de la emboscada: atacaba por donde nadie esperaba y desaparecía antes de que el enemigo reaccionara. Pompeyo lo llamaba el general fantasma. Nunca aceptó un combate frontal que no dominara, por lo que causó grandes problemas a las legiones enviadas por Roma. Controlaba los Pirineos para bloquear refuerzos y atacaba líneas de suministros.

Cneo Pompeyo Magno

Pompeyo Magno fue uno de los personajes más influyentes de la República romana tardía. Nació en el año 106 a. C. y destacó muy joven como militar durante las guerras civiles romanas. Su habilidad estratégica y sus victorias le dieron el sobrenombre de Magnus, “el Grande”, inspirado en Alejandro Magno.

Durante el siglo I a. C., Roma sufrió un largo periodo de conflictos internos entre distintos líderes y facciones políticas. En Hispania, la gran amenaza para Roma fue la rebelión dirigida por Sertorio, un general romano enfrentado al Senado. Pompeyo fue enviado a Hispania en el año 76 a. C. para combatir a Sertorio junto al general Metelo. La guerra fue larga, dura y especialmente destructiva. En ese contexto, Valentia quedó alineada con el bando sertoriano. La ciudad apoyó a Sertorio y se convirtió en objetivo militar de las tropas senatoriales.

Posteriormente, fue rival de Julio César durante otra guerra civil romana. Tras perder la batalla de Farsalia en el 48 a. C., huyó a Egipto buscando protección. Sin embargo, el faraón Ptolomeo XIII ordenó asesinarlo para agradar a César. Pompeyo murió apuñalado al desembarcar en la costa egipcia. Su muerte simbolizó el final de una época en Roma y aceleró el ascenso político y militar de César, que poco después se convertiría en la figura dominante de la República romana.

La Batalla del Turia

Contexto previo: Valentia como bastión rebelde

Para entender por qué una próspera colonia de veteranos itálicos terminó convertida en una escena del crimen arqueológica, debemos mirar al mapa estratégico de finales de la década de los 70 a.C. En el año 77 a.C., el levante peninsular ya estaba firmemente bajo el control de Quinto Sertorio. Valentia no era una ciudad más en este conflicto; era el único centro urbano de condición puramente romana e itálica situado entre Tarraco (Tarragona) y Carthago Nova (Cartagena).

Su alineación con el bando sertoriano no fue casual. Los colonos de Valentia, procedentes de regiones como el Samnio y la Campania, compartían las reivindicaciones de los grupos que en Italia buscaban mayor igualdad frente a la facción conservadora del Senado. Así, la ciudad se convirtió en una base logística y moral fundamental para Sertorio, sirviendo de enlace entre sus aliados costeros y el interior celtibérico.

La tensión alcanzó su punto crítico en el 76 a.C., cuando Pompeyo el Magno llegó desde el norte para restaurar el orden del Senado Romano. Ese año, Sertorio humilló a Pompeyo destruyendo la ciudad de Lauro (cerca de la actual Valencia) mientras el general romano observaba impotente desde la otra orilla del río Palancia. Tras este revés, Pompeyo necesitaba una victoria contundente para recuperar su prestigio, y Valentia, el corazón itálico del apoyo sertoriano en el Turia, se convirtió en su objetivo prioritario para la campaña del año siguiente.

La topografía del combate: Una ratonera entre el río y los muros

La Batalla del Turia, librada a principios del año 75 a.C., se desarrolló en un escenario geográfico muy preciso que las fuentes clásicas, como Salustio, describen con detalle: «…inter laeva moenium et dexterum flumen Turiam» («…entre las murallas a la izquierda y el río Turia a la derecha»).

Para visualizar este combate, debemos olvidar la Valencia actual. Hace 2.000 años, la ciudad era una isla fluvial elevada sobre una terraza aluvial, rodeada por humedales y varios brazos del río Turia. En aquella época, el cauce principal del río no pasaba al norte como hoy, sino que discurría por el sur de la ciudad.

Este detalle es clave para la táctica militar: los ejércitos de Sertorio, comandados por sus generales Marco Perpenna y Cayo Herennio, se vieron forzados a luchar en un estrecho corredor de tierra. Con las murallas de la ciudad a un lado y la barrera natural del río y los marjales al otro, la capacidad de maniobra de la caballería sertoriana quedó anulada. Valentia, diseñada originalmente para ser una fortaleza inexpugnable gracias al agua, se convirtió en una ratonera mortal para sus propios defensores.

El desenlace militar: 10.000 muertos y el fin de una era

El choque fue una de las batallas más sangrientas y decisivas de la guerra civil en Hispania. Las legiones senatoriales rompieron las líneas sertorianas aprovechando la superioridad de su infantería pesada en un terreno tan angosto. El desenlace fue catastrófico para la causa rebelde:

  • Aniquilación del ejército: Las fuentes cifran en 10.000 hombres las bajas sufridas por el bando de Sertorio.
  • Muerte de los líderes: El general Cayo Herennio cayó en combate o fue ejecutado poco después, mientras que Perpenna logró huir, dejando la ciudad a merced del vencedor.
  • La caída de la ciudad: La derrota a las puertas de los muros provocó el colapso inmediato de Valentia. Pompeyo no se limitó a tomar el enclave; ordenó un plan de destrucción sistemático.

Arqueología del Horror: Los Soldados ejecutados de l’Almoina

El hallazgo de los restos humanos en las excavaciones de l’Almoina constituye uno de los documentos arqueológicos más dramáticos y potentes de la Hispania romana. Lo que la arqueología ha sacado a la luz no es una escena de combate, sino una escena del crimen que revela la brutalidad de las guerras civiles en el siglo I a.C.1more_horiz.

La escena del crimen: 17 soldados bajo los escombros

En las campañas de 1987 y 2002, los arqueólogos descubrieron en el sector sudoccidental de l’Almoina, justo sobre el pavimento de la plaza del foro y frente a las tabernae, un nivel de destrucción sobrecogedor. Se identificaron los restos de al menos 17 individuos (14 en una primera fase y 3 más posteriormente), todos masculinos y mayoritariamente jóvenes, de entre 18 y 23 años. Junto a los cuerpos, se encontraron restos de almas y panoplia.

Los cuerpos no estaban enterrados de forma convencional, sino arrojados y abandonados en total desorden sobre el suelo público. La escena quedó sellada en el tiempo por una potente capa de cenizas, carbones y escombros de hasta 60 cm de espesor, producto del incendio sistemático de los edificios colindantes, como las termas y el horreum.

Evidencias de tortura: Mutilación y empalamiento

restos humanos museo de la almoina retirados

El análisis antropológico de los huesos ha confirmado que estos soldados sufrieron una violencia extrema e intencionada antes de morir:

  • Mutilaciones sistemáticas: Muchos de los esqueletos presentaban las extremidades (brazos y piernas) seccionadas mediante cortes limpios realizados con armas blancas como el gladius.
  • Cortes premeditados: Se han documentado heridas transversales en fémures y húmeros que indican que las víctimas fueron inmovilizadas. En algunos casos, los cortes no terminaron de seccionar el hueso, sugiriendo que las extremidades fueron finalmente arrancadas por la fuerza mientras otros individuos sujetaban a la víctima.
  • El empalamiento de l’Almoina: El hallazgo más atroz fue el de un hombre maduro, de unos 40 años, que fue maniatado a la espalda con una cuerda. Un pilum pesado (jabalina romana) atravesaba su cuerpo desde la pelvis hasta el hombro, confirmando que fue empalado in vivo como parte de una ejecución especialmente cruel.
  • Decapitaciones: Algunos cráneos aparecieron separados del tronco y colocados deliberadamente entre las piernas amputadas.

Rituales de venganza: Escarmiento público

Estas ejecuciones no fueron fruto del caos de la batalla, sino un acto de punición y escarmiento público. Al elegir el foro —el corazón político y religioso de la ciudad— como escenario de la matanza, Pompeyo el Magno buscaba aterrorizar a la población superviviente y enviar un mensaje claro a cualquier otro foco rebelde sertoriano.

restos humanos museo de la almoina retirados

Este comportamiento responde a una violencia institucionalizada común en las guerras civiles romanas. Los investigadores trazan un paralelismo directo con las matanzas de Sila en el Campo de Marte (Roma), donde miles de prisioneros samnitas fueron ejecutados públicamente tras la batalla de la Puerta Collina en el 82 a.C.. En Valentia, la utilización de los muertos para atemorizar a los vivos fue el preludio del fin definitivo: una vez ejecutado el castigo sobre los hombres, la ciudad fue reducida a cenizas y borrada de la historia durante décadas

El Armamento y la Artillería del Asalto

Museo de la almoina. armas empeadas en la La destrucción de Valentia del 75 a.C.

El asalto a Valentia en el 75 a.C. no fue solo un choque de infantería, sino una operación militar que empleó tecnología de asedio avanzada para la época. La arqueología ha recuperado proyectiles de ballista —piedras esféricas de mediano tamaño lanzadas por máquinas de torsión— entre las ruinas del foro y el caldarium de las termas. Estos hallazgos demuestran que la ciudad fue sometida a un bombardeo sistemático antes de su caída definitiva, un escenario muy similar al documentado en el asedio de Pompeya.

Entre las espesas capas de ceniza del incendio, las excavaciones en l’Almoina han devuelto una variada panoplia que revela la mezcla de combatientes en las Guerras Sertorianas. Se han identificado cuatro ejemplares de pilum (la jabalina reglamentaria romana), tanto ligeros como pesados, cuyo extremo metálico estaba diseñado para doblarse tras el impacto, inutilizando así el escudo del oponente. Junto a ellos aparecieron umbos de escudo de hierro; curiosamente, su tipología alargada es de estilo indígena (ibérico o lusitano), idéntica a la del relieve del Guerrero de Osuna, lo que confirma la presencia de tropas hispanas en el bando sertoriano.

El equipo militar se completa con puntas de lanza, fragmentos de espadas, un puñal con su vaina y la carrillera de un casco. Destaca también el hallazgo de podones, herramientas agrícolas reconvertidas en armas para descabalgar jinetes, lo que sugiere una leva apresurada para la defensa de los muros.

El Tesoro del Miedo: Los denarios de la calle El Salvador

El hallazgo del tesoro de la calle El Salvador ofrece una conmovedora visión humana del pánico vivido justo antes del colapso de Valentia. Durante las excavaciones junto al cardo maximus, en lo que fue el lado oriental de la puerta septentrional de la ciudad, los arqueólogos localizaron una fosa oculta que contenía un conjunto de 195 denarios romanos de plata. Este ocultamiento desesperado bajo el suelo de la urbe refleja el clima de terror de sus habitantes ante el avance de las legiones de Pompeyo.

Más allá de su valor material, este tesoro actúa como una prueba cronológica irrefutable del fin de la ciudad republicana. La pieza más moderna del conjunto fue acuñada en Roma en el año 77 a.C. por el magistrado P. Satrienus. Esta fecha proporciona una precisión matemática que coincide con el relato histórico de la destrucción de Valentia en el 75 a.C., confirmando que los ahorros fueron sepultados muy poco antes de la catástrofe. El hecho de que el dueño nunca regresara por ellos, y que el depósito apareciera sellado por niveles de ceniza y escombros, testifica el exterminio o huida definitiva de la población tras el asalto

El Gran Incendio de Valentia

La destrucción de Valentia en el año 75 a.C. no fue un incidente colateral de la batalla, sino el resultado de un plan de aniquilación sistemático e intencionado ejecutado por las tropas de Pompeyo. La ciudad, que hasta entonces era el centro urbano de origen itálico más importante entre Tarraco y Carthago Nova, fue literalmente borrada del registro histórico y geográfico durante más de medio siglo.

Termas de la Almoina

Todo el edificio quedó sellado bajo una capa de escombros e incendio de unos 60 cm de espesor. El fuego fue tan intenso que el pavimento del caldarium fue prácticamente arrancado y los muros de adobe se desplomaron sobre los enseres cotidianos, como ánforas de vino que aparecieron completas bajo las ruinas.

Horreum (Almacén de cereal de la ciudad)

Se han registrado potentes capas de ceniza, carbones y restos de techumbres de madera (principalmente pino) que enterraron los pavimentos, alcanzando en algunos puntos espesores superiores a los 50 cm

Foro

El centro neurálgico de la ciudad se convirtió en una fosa común a cielo abierto, donde los restos de los soldados ejecutados quedaron cubiertos por los detritos de la destrucción, permaneciendo allí congelados como en una fotografía del horror.

El milagro del Santuario de Asclepio

Dentro de este paisaje de desolación, los arqueólogos han identificado una excepción extraordinaria. El único edificio de toda la ciudad que parece haber sido respetado y salvado de la destrucción general fue el Santuario de Asclepio (Esculapio), el dios de la medicina. Ubicado en una posición privilegiada entre la puerta oriental y el foro, este recinto sacro permaneció en pie mientras el resto de la ciudad ardía. Los investigadores sugieren dos razones principales para este «ndulto:

  • Temor religioso: Asclepio era una divinidad plenamente integrada en el panteón oficial romano. Incluso en medio de una cruenta guerra civil, los soldados de Pompeyo habrían evitado profanar el templo de un dios tan respetado por miedo a la cólera divina.
  • Contraste con lo indígena: Mientras que el santuario de Asclepio (itálico) fue preservado, otras áreas sacras de filiación indígena situadas al noroeste de la ciudad fueron arrasadas sin escrúpulos de ningún tipo, lo que refuerza la idea de un castigo selectivo y cultural.

Una ciudad fantasma

El impacto fue tan profundo que Valentia quedó reducida a una ciudad santuario mínima. Durante los siguientes 50 a 75 años, la urbe estuvo prácticamente abandonada; no se han hallado tumbas de este periodo ni nuevos edificios. La naturaleza recuperó terreno, cubriendo las ruinas con capas de sedimentos naturales aportados por el viento y la lluvia. El nombre de Valentia desapareció incluso de las descripciones geográficas de la época, como la de Estrabón, confirmando que, para el mundo romano, la ciudad había dejado de existir.

La refundación de Valentia

Su refundación no fue un evento repentino, sino un proceso de recuperación de la civitas que se consolidó bajo el mandato de Augusto, cuando la ciudad obtuvo el prestigioso rango de colonia romana. El acto simbólico que marcó este renacimiento fue un gran sacrificio ritual realizado en el pozo del antiguo santuario de Asclepios hacia el año 5 a.C. Arqueológicamente, este depósito destaca por el hallazgo de restos de 48 cerdos y centenares de piezas cerámicas, interpretándose como el mundus o fosa fundacional de la nueva etapa colonial. Este ritual buscaba legitimar la ocupación del terreno y vincular a los nuevos colonos con el pasado sagrado de la urbe.

Las primeras evidencias de reconstrucción física son modestas, destacando un lujoso mosaico de opus signinum en la calle Roc Chabàs y la reparación del santuario de Bellona por la influyente familia de los Antonii. Socialmente, la refundación dio lugar a un fenómeno excepcional: el doble senado colonial. Los Valentini Veterani et Veteres reflejan la convivencia entre los nuevos colonos imperiales (Veterani) y los descendientes de los fundadores republicanos que regresaron a la ciudad (Veteres). Finalmente, a partir de la época Flavia, Valentia experimentó su mayor expansión, duplicando su tamaño original y dotándose de monumentos como el circo y el puerto fluvial.

Lo que no sabías de la destrucción de Valentia

¿Quién fundó Valencia y en qué año?

La ciudad fue fundada en el año 138 a.C.1. El cónsul romano Décimo Junio Bruto otorgó tierras a los soldados que lucharon contra Viriato23. Estos primeros pobladores fueron unos 2.000 veteranos licenciados de origen itálico.

¿Dónde están las termas más antiguas de España?

Valencia alberga las termas romanas más antiguas de la Península Ibérica. Se encuentran en el actual Centro Arqueológico de l’Almoina. Fueron construidas a finales del siglo II a.C. siguiendo modelos de la Campania italiana.

¿Qué fue la Escena del Crimen de l’Almoina?

Es uno de los hallazgos más dramáticos de la arqueología romana. En el foro se hallaron 17 esqueletos de soldados ejecutados en el año 75 a.C.. Los cuerpos presentaban amputaciones y signos de tortura1 Uno de ellos, de unos 40 años, fue hallado empalado con un pilum romano.

¿Es cierto que Valencia desapareció del mapa?

Sí, tras la derrota de los rebeldes en el 75 a.C., Pompeyo el Magno arrasó la ciudad1718. Un incendio sistemático dejó capas de ceniza de hasta 60 centímetros18. Valencia quedó convertida en un campo de ruinas y permaneció abandonada durante medio siglo.

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