Valencia Íbera » ¿Qué hubo antes de Valentia? Edetanos, oppida y el enigma de Tyris

¿Qué hubo antes de Valentia? Edetanos, oppida y el enigma de Tyris

Antes de Valentia, la región estaba habitada por los edetanos. Un pueblo íbero que vivía en oppida (ciudades fortificadas elevadas como Edeta o Arse). Las fuentes clásicas mencionan Tyris, un misterioso asentamiento previo situado posiblemente sobre una pequeña isla del río Turia. La zona constituía un complejo mosaico de ciudades-estado independientes que controlaban amplios territorios agrícolas y formaban parte de redes comerciales Mediterráneas.

¿Qué hubo antes de Valentia? Edetanos, oppida y el enigma de Tyris. banner

Claves para entender qué hubo antes de Valentia

  • Antes de Valencia, los edetanos no habitaban la llanura pantanosa que había en lo que ahora es Valencia. Construyeron oppida en cerros elevados buscando defensa estratégica y control territorial.
  • La región funcionaba mediante ciudades-estado independientes. Estas comunidades compartían cultura y lengua pero mantenían autonomía política, confederándose únicamente ante amenazas como las Guerras Púnicas.
  • El enigma de Tyris derivada de las fuentes anitiguas sugiere una población ibérica previa en el Turia sin evidencia arqueológica. La llegada romana transformó el paisaje, fundando Valentia sobre el llano antes despreciado.

El Paisaje olvidado: Geografía de Valentia y el Enigma de Tyris

En la época ibérica, la geografía de la actual zona de Valencia era radicalmente distinta. Se caracterizaba por ser un área de marjales y ciénagas. La laguna de la Albufera era mucho más extensa que en la actualidad, hasta el punto de que prácticamente unía los ríos Turia (Tyris) y Júcar (Sucro).

mapa de valentia romana:acueducto, foro y circo. mapa del recinto amurallado respecot a los brazos del rio turia

Esta configuración convertía a la llanura en un lugar pantanoso y prácticamente inhabitable, frecuentado únicamente de forma ocasional por cazadores de aves. Las fuentes clásicas, como Plinio, describen la zona más allá del río Sucro como una «amable laguna» que penetraba hacia el interior. Este entorno de humedales se extendía por el litoral, conectando playas y albuferas desde el delta del Palancia hasta más allá de la desembocadura del Júcar.

La malaria (paludismo) era endémica en la península ibérica hasta hace poco tiempo

La malaria era endémica en gran parte de España, incluida la fachada mediterránea y cuencas fluviales con humedales, hasta su erradicación oficial en 1964. Las zonas con mayores extensiones de aguas estancadas y marismas eran precisamente las que presentaban más casos de malaria. Hay casos documentados de los siglos XVIII–XIX en los que se referencia como “tercianas” o “cuartanas” (fiebres palúdicas).

En el periodo ibérico antiguo (siglo III a.C.) no tenemos evidencias de su existencia. Pero el consenso científico actual es que los los humedales tienen riesgo para la salud humana por la presencia de malaria y otras enfermedades.

El mítico asentamiento de Tyris: ¿Ciudad perdida o nombre de río malinterpretado?

A pesar de la insalubridad de la llanura pantanosa, existen referencias antiguas sobre una pequeña población fortificada previa a los romanos llamada Tyris o Tyrin. Según estos relatos, el asentamiento estaba situado estratégicamente en una isla sobre el río Turia, del cual recibía su nombre. El autor Avieno, en su obra Ora Marítima, menciona explícitamente el río Tirio y la ciudad de Tiris.

El problema central es que el nombre Tyris puede haber sido interpretado erróneamente por los autores antiguos. En muchos casos, la tradición grecolatina tendía a convertir hidrónimos (nombres de ríos) en topónimos: atribuyendo al río una ciudad homónima aunque esta no existiera como núcleo urbano consolidado. Así, Tyris podría haber sido simplemente el nombre indígena del Turia, y no necesariamente una ciudad en sentido pleno.

Esta posibilidad encaja con el patrón conocido en el mundo ibérico. Los grandes centros de poder se localizaban en elevaciones dominantes (oppida), como Edeta o Arse. Las llanuras pantanosas quedaban reservadas para usos estacionales: caza, pesca, explotación de cañaverales, recolección de sal o tránsito comercial.

Hipótesis arqueológicas: ¿qué pudo ser Tyris?

Los restos más tempranos hallados en el entorno del cauce del Turia corresponden ya a la época romana. Si Tyris existió debió ser una instalación menor difícil de detectar: Un enclave defensivo sobre un vado del río, un puesto comercial ligado a rutas comerciales o un santuario o lugar ritual, vinculado al agua.

Además, la fundación romana no solo creó una ciudad, alteró el territorio. La construcción de infraestructuras, el drenaje parcial de humedales y la reorganización agrícola pudieron haber destruido cualquier evidencia superficial previa. La Valencia republicana se edificó sobre un paisaje vivo y cambiante, donde el río modificaba su curso y depositaba sedimentos que podían enterrar niveles antiguos.

Estrategia de altura

Los pueblos íberos evitaban asentarse en el llano debido a la falta de firmeza del terreno evitando plagas de mosquitos propias de las zonas pantanosas. Por ello, optaron por una estrategia de ocupación en altura, situando sus poblados en cerros elevados que bordeaban los humedales. Estas ubicaciones en tierra firme no solo proporcionaban un suelo más estable para construir, sino que garantizaban una mejor defensa frente a ataques externos.

Ejemplos claros de esta jerarquización del territorio son Edeta (Llíria), que presidía el valle del Turia desde el Tossal de Sant Miquel, y Arse (Sagunto), situada sobre una colina de 178 metros que controlaba las comunicaciones de la llanura. Otros centros importantes como Saitabi (Xàtiva) y el Castellar de Meca también siguieron este modelo de control territorial desde puntos elevados estratégicos.

Los pueblos ibéricos de Valencia: Edetanos, Contestanos

Las fuentes literarias romanas dividen el territorio valenciano en regiones bien definidas, como la Edetania (al norte del río Júcar) y la Contestania (al sur). Sin embargo, conviene no entender estas denominaciones como naciones en sentido estricto. Son categorías administrativas y geográficas que Roma utilizó para describir y ordenar un espacio que, en realidad, era mucho más diverso.

Antes de la conquista, el panorama étnico y político estaba fragmentado. Lo que hoy llamamos edetanos y contestanos no formaba una unidad política cerrada. Eran mas bien un mosaico de ciudades-estado independientes (oppida) que compartían rasgos culturales comunes (lengua, tecnología, religión y modelos de poblamiento) pero que mantenían su propia autonomía y rivalidades locales.

El nombre Edetania deriva claramente de Edeta (Llíria), un centro de poder reconocido, lo que sugiere una región articulada en torno a una ciudad principal. En cambio, Contestania no parece proceder de ningún núcleo urbano concreto sino que el término funcionaba más bien como una etiqueta territorial. Probablemente se usaba por la administración romana para agrupar un conjunto de comunidades sin un centro dominante evidente.

Además, las fuentes más antiguas reflejan una realidad todavía más compleja. Autores como Hecateo mencionan pueblos distintos, como los esdetes (posibles antecesores de los edetanos) o los gimnetas en áreas que después serían incluidas dentro de la Contestania. Todo ello sugiere que las identidades locales evolucionaron con el tiempo y que Roma, al imponer su marco político, tendió a simplificar y reorganizar esa diversidad bajo nombres más manejables.

Este fenómeno es un patrón común en la expansión romana. Al conquistar territorios con múltiples comunidades, Roma solía agruparlas bajo términos amplios. Para ello, a veces tamaba el nombre de una ciudad principal, y otras creaba designaciones regionales nuevas.

¿Hablaban la misma lengua?

Los pueblos Íberos compartían una base lingüística común conocida como íbero, pero existían importantes matices regionales y diferentes sistemas de escritura que sugieren una realidad diversa. Se extendía por toda la fachada mediterránea desde el sur de Francia hasta Andalucía oriental. Es importante tener en cuenta, que a diferencia de la mayoría de lenguas europeas que hay en la actualidad, el íbero no pertenecía a la familia indoeuropea.

Las investigaciones indican que pueblos como los edetanos y contestanos compartían esta lengua con suficientes rasgos comunes como para ser reconocida como una unidad lingüística amplia. Pese a ello, no utilizaban el mismo alfabeto y existe una clara regionalización en los sistemas de escritura.

¿Qué son las lenguas indoeuropeas?

Las lenguas indoeuropeas son la familia lingüística más hablada del mundo, con cerca de 3.500 millones de hablantes. Comparten un origen geográfico común en las estepas de Eurasia. Se ramifican en diferentes subfamilias que incluyen idiomas como el español, el inglés, el hindi y el ruso.

Diferentes sistemas de escritura

La escritura ibérica no fue uniforme. Igual que hoy existen distintos acentos o variedades regionales, en el mundo ibérico también hubo diferentes sistemas de escritura.

En la zona de Edeta (Llíria) y Arse (Sagunto) predominaba casi de forma exclusiva el llamado signario levantino (o nororiental). Este sistema aparece con frecuencia en láminas de plomo (auténticos documentos administrativos o comerciales) y también en inscripciones pintadas sobre cerámicas de lujo. Ésto indica un uso relativamente extendido y ligado a élites con capacidad de gestionar comercio, propiedades o alianzas.

En cambio, hacia el sur, en la Contestania, el panorama era más variado. Allí se documenta el uso de la escritura meridional (o suroriental) y, de forma especialmente llamativa, el llamado alfabeto greco-ibérico. Éste alfabeto es una adaptación del alfabeto griego jónico para escribir la lengua ibera. Esto revela una realidad muy clara: la Contestania estaba más expuesta a los contactos mediterráneos, especialmente con el mundo griego.

Ahora bien, esta división no debe imaginarse como una frontera fija. En enclaves fronterizos como el oppidum de La Bastida de les Alcusses, se ha documentado la presencia de signario levantino y meridional en fechas tempranas. Esto demuestra que el Levante ibérico no lo formaban bloques cerrados, sino que era un espacio dinámico, donde circulaban personas, mercancías e incluso formas de escribir.

Organización Política previa a Valentia: Ciudades-Estado aristocráticas

La sociedad edetana no formó un reino unificado con fronteras estables. El territorio se organizó en un mosaico de ciudades-estado independientes llamadas oppida. Cada una controlaba campos, aldeas y rutas comerciales de su entorno. Este modelo recuerda al de las poleis griegas. Las ciudades compartían cultura y lengua, pero conservaron su autonomía política. Ninguna ejerció un dominio permanente sobre las demás.

La arqueología revela contactos constantes entre estos núcleos. Intercambiaban productos, alianzas y conocimientos técnicos. También competían por recursos, prestigio y control territorial. En momentos de crisis, varias ciudades podían unirse bajo una alianza temporal. Ocurrió durante la Segunda Guerra Púnica y en la conquista romana. Estas coaliciones coordinaban la defensa y la diplomacia frente a enemigos comunes.

¿Cuál era la forma de gobierno de las ciudades edetanas?

El poder quedó en manos de aristocracias guerreras y terratenientes. Estas élites controlaban la riqueza agrícola, las redes comerciales y la autoridad militar. Al frente destacaban líderes conocidos por las fuentes clásicas como régulos, que alcanzaban el poder ya fuera por riqueza o prestigio.

El caso más famoso es Edecón (o Edesco) dirigente de Edeta (Llíria). Durante la guerra entre Roma y Cartago, encabezó una coalición de ciudades edetanas. Sin embargo, Edecón no gobernó como un rey absoluto. Actuó como un primus inter pares: un “primero entre iguales”. Su autoridad dependía del prestigio, la negociación y la capacidad de mantener alianzas. Estos líderes dominaron el arte de la diplomacia. El propio Edecón negoció directamente con Escipión. Buscó preservar la autonomía de su pueblo ante el avance de Roma y Cartago.

Estructura social de aristocracia de guerreros y prestigio

La sociedad ibérica estaba fuertemente jerarquizada, dominada por una aristocracia guerrera y terrateniente. El poder de esta élite no solo se basaba en la fuerza militar, sino en el control de la riqueza agrícola y el prestigio simbólico. Esta distinción social se documenta de dos formas principales:

  • Escultura y Mundo Funerario: Especialmente en el sur, la existencia de tumbas monumentales con esculturas de animales y damas (como la Dama de Elche) servía para sancionar el linaje y el estatus de las familias dominantes.
  • Cerámica de Lujo como Propaganda: La cerámica de estilo Oliva-Llíria funcionaba como un sofisticado instrumento de propaganda ideológica. Las élites encargaban vasos únicos con escenas narrativas de batallas navales, desfiles de jinetes y danzas rituales para autorretratarse y exhibir sus valores de prestigio en banquetes y ofrendas.

A diferencia de otras culturas más centralizadas, el poder en los oppida valencianos parece haber sido más descentralizado o colegiado, donde diferentes «Casas» o linajes aristocráticos competían y colaboraban entre sí por el control de los recursos y la memoria comunitaria

Economía y comercio: oppidum principales de la zona de Valentia

Arse (Sagunto) como potencia: La primera ceca ibérica

Mucho antes de la fundación de Valentia, Arse, la futura Saguntum romana, ya se había consolidado como uno de los grandes centros económicos, comerciales y políticos del litoral ibérico. Su importancia se refleja en un hecho excepcional: fue una de las primeras ciudades ibéricas en acuñar moneda propia.

Arse comenzó a emitir moneda durante la segunda mitad del siglo IV a.C., en un momento en que la acuñación monetaria se expandía por el Mediterráneo occidental bajo la influencia de griegos, fenicios y cartagineses. Lejos de ser un fenómeno aislado, la ciudad participaba activamente en las redes comerciales mediterráneas que conectaban Iberia con Massalia, Sicilia, Cartago y el mundo helénico.

Sus monedas de plata, con leyendas ibéricas como arseskhen, seguían patrones metrológicos propios y circulaban como símbolo de autoridad.

El puerto del Grau Vell: Un nudo comercial mediterráneo

La base del poderío de Arse era su puerto situado a unos 4 km de la ciudad principal y convertido en un emporio redistribuidor de alcance internacional. Las excavaciones han revelado que este enclave mantenía contactos comerciales con los principales centros coloniales de Occidente, como Massalia (Marsella) y Emporion (Ampurias), así como con redes púnicas de Ibiza y el Estrecho de Gibraltar.

En este puerto se intercambiaban productos de lujo foráneos, como cerámica ática de barniz negro, vino y aceite en ánforas griegas e itálicas, por materias primas y excedentes locales. Entre las exportaciones de Arse destacaban los cereales, la miel, los tejidos y, muy especialmente, la plata extraída de las minas de la Sierra Calderona, además de vino local envasado en ánforas que imitaban modelos fenicios.

Rutas terrestres: la Vía Heraklea y el control del territorio

Arse ocupaba una posición privilegiada. El oppidum se levantaba sobre una colina fortificada que dominaba visualmente la llanura y las principales rutas de comunicación. Por un lado, controlaba la gran vía litoral que comunicaba el Levante de norte a sur. Por otro, dominaba el corredor natural del valle del Palancia, una ruta que conectaba la costa con el interior de Teruel y las tierras del Sistema Ibérico.

La Vía Heraklea (o Vía Hercúlea) recorría la fachada mediterránea desde los Pirineos hasta el sur peninsular. Más tarde, Roma aprovecharía este trazado para construir la futura Vía Augusta, la gran arteria viaria de Hispania oriental. Sin embargo, el camino existía mucho antes de la llegada de las legiones y ya articulaba intercambios comerciales, contactos políticos y circulación cultural entre comunidades ibéricas, púnicas y griegas.

En la actual provincia de Teruel habitaban varios pueblos prerromanos. Los más importantes fueron los turboletas y los lobetanos, ambos vinculados al ámbito celtibérico.

  • Turboletas: ocuparon la zona central de Teruel. Las fuentes sitúan su territorio alrededor de la ciudad de Túrbula o Turba, cuya localización exacta sigue sin conocerse. Algunos autores los relacionan con la propia Teruel actual.
  • Lobetanos: se asentaron principalmente en la sierra de Albarracín y áreas montañosas del suroeste turolense. Su capital pudo ser Lobetum, identificada tradicionalmente con Albarracín.

Por estos caminos circulaban metales, vino, aceite, ganado y cerámicas, pero también ideas, técnicas y alianzas políticas. La Vía Heraklea no fue solo una ruta comercial, actuó también como el principal eje de integración cultural del mundo ibérico levantino.

Gracias a este control de las comunicaciones, Arse pudo consolidar su influencia sobre un amplio territorio agrícola y convertirse en una de las ciudades más poderosas de la costa mediterránea antes de la conquista romana.

Edeta

Edeta (situada en el Tossal de Sant Miquel, en la actual Llíria) fue una de las ciudades ibéricas más importantes del Levante peninsular. La ciudad presidía una red de asentamientos jerarquizada para la explotación y defensa del territorio:

  • Red de Atalayas: Un sofisticado sistema de doce fortines (como el Puntal dels Llops) situados en lugares elevados y conectados visualmente entre sí para vigilar las fronteras y los pasos naturales.
  • La Ciudad: Un núcleo de unas 10 a 15 hectáreas situado en un cerro estratégico.
  • Aldeas y caseríos: Núcleos como La Seña o el Castellet de Bernabé, dedicados a la producción masiva de vino, aceite y cereales.

El poder de Edeta se desmoronó de forma violenta a principios del siglo II a.C. (hacia el 197 a.C.). Tras las revueltas contra la ocupación romana, el general Catón ordenó desmantelar el sistema de murallas y atalayas de la zona. El abandono de esta ciudad en altura facilitó que, décadas después, los romanos fundaran la colonia de Valentia en el llano (138 a.C.), transformando definitivamente el modelo de ocupación del territorio.

Saitabi o Saiti

Saetabis (la actual Xàtiva), conocida en lengua ibérica como Saitabi o Saiti, fue una de las ciudades ibéricas más importantes y extensas del Levante peninsular antes de la llegada de los romanos. Las fuentes sugieren que el nombre de la ciudad deriva del río Saetabios, lo que indica que, al igual que en otros casos ibéricos, el nombre del río fue transferido posteriormente al núcleo urbano.

Situada estratégicamente sobre el pico y la ladera sur del cerro del actual Castillo de Xàtiva, dominaba un amplio y fértil territorio agrícola y controlaba el paso del valle del río Cànyoles. Fue un oppidum de gran envergadura que superaba las 10 hectáreas de extensión. Se cree que Saitabi pudo tener fricciones territoriales con la cercana ciudad de La Bastida de les Alcusses (Mogente); tras la violenta destrucción de esta última a finales del siglo IV a.C., Saitabi habría consolidado y aumentado su importancia territorial en la zona.

Fue una de las cecas más activas de la región, emitiendo moneda desde finales del siglo III a.C. con leyendas en signario ibérico. Además de su riqueza agrícola, Saetabis fue famosa en el mundo antiguo por su producción de lino, materia prima utilizada para fabricar tejidos de alta calidad muy apreciados en Roma.

La ciudad era un punto neurálgico en las rutas terrestres. Por ella pasaba la Vía Heraklea y el denominado Camino de Aníbal, que conectaba el sur peninsular y Cástulo con el litoral valenciano y los Pirineos.

Religión y mundo funerario

La religiosidad íbera en la región se manifestaba en tres ámbitos diferenciados: los santuarios naturales, los templos urbanos y las capillas domésticas.

  • Las cuevas santuario eran espacios de culto situados en entornos rurales fuera de los asentamientos, dedicados a las fuerzas de la naturaleza. Estos lugares se concentraban en las comarcas centrales valencianas y eran compartidos indistintamente por edetanos y contestanos.
  • Las grandes ciudades contaban con templos urbanos de carácter colectivo, como el documentado en la manzana 4 del Tossal de Sant Miquel (Edeta), que servía como centro identitario de la comunidad donde se realizaban ofrendas y rituales públicos.
  • Existían capillas o recintos domésticos dentro de las casas destinados al culto a los antepasados y la protección familiar.

Rituales y divinidades: El culto a la diosa y los exvotos

Aunque se desconocen los nombres originales de las divinidades íberas, destaca una divinidad femenina relacionada con la agricultura y la muerte que posteriormente sera asimilada a la griega Deméter y a la púnica Tanit. La presencia de esta diosa es evidente por los pebeteros votivos de terracota en forma de cabeza femenina hallados en numerosos poblados.

Los rituales incluían sacrificios de animales (como cerdos y conejos), cánticos y danzas rituales acompañadas por música de flauta, escenas que quedaron inmortalizadas en las cerámicas de estilo Liria-Oliva. Además, se han recuperado numerosas cabezas votivas e imágenes de terracota que representaban tanto a la divinidad como a los propios oferentes en actitud de oración, las cuales se depositaban en altares o se suspendían de las paredes.

Costumbres funerarias: Contraste entre el norte y el sur

Existe una marcada diferencia en los ritos funerarios entre la zona edetana y la contestana:

  • En la Contestania (sur): Predominan las grandes necrópolis de cremación con escultura monumental en piedra (damas, guerreros y animales), utilizadas por la aristocracia para sancionar su linaje y prestigio.
  • En la Edetania (norte): Las necrópolis de adultos son extremadamente escasas, lo que supone un «inquietante vacío» en el registro arqueológico. En cambio, es muy frecuente la inhumación de bebés bajo el suelo de las casas, un rito doméstico que contrasta con la incineración general de los adultos.

Los difuntos adultos eran generalmente incinerados vestidos y acompañados de sus armas u objetos personales, tras lo cual sus restos se lavaban y depositaban en urnas enterradas en hoyos con ofrendas

Todo lo que te gustaría saber sobre lo que hubo antes de Valentia

¿Hablaban la misma lengua?

Los pueblos íberos compartían una base lingüística común que los filólogos agrupan bajo el término “íbero” o “lengua ibérica”. Una lengua paleohispánica que se hablaba a lo largo de la costa mediterránea desde el sur de Francia hasta Andalucía oriental. Esta lengua no pertenece a la familia indoeuropea. Pese a su gran diversidad, la mayoría de los expertos considera que las comunidades del levante compartían una lengua con suficientes rasgos comunes como para ser reconocida como una unidad lingüística amplia.

¿Qué son las lenguas indoeuropeas?

Las lenguas indoeuropeas son la familia lingüística más hablada del mundo, con cerca de 3.500 millones de hablantes. Comparten un origen geográfico común en las estepas de Eurasia. Se ramifica en diferentes subfamilias que incluyen idiomas como el español, el inglés, el hindi y el ruso.

¿Qué es un oppidum?

Es un término que proviene del latín que significa ciudad fortificada. La arqueología utiliza este concepto para referirse a cualquier poblado fortificada de la Edad del Hierro (pueblos celtas, íberos, etc.) que servía como centro político, económico y social de un territorio y que solía estar en un alto.

¿Que es una ceca?

Una ceca es una fábrica o establecimiento oficial autorizado por el gobernante para acuñar dinero. La palabra proviene del árabe sikka, que significa «cuño» o «troquel» utilizado para estampar el metal.

Bibliografía

  • Abad Casal, L. (2023). «Edetania y Contestania, dos entidades difusas en la protohistoria peninsular». En J. J. Castellano Castillo (Ed.), Jornadas de estudios sobre contestanos y edetanos ante la romanización, pp. 15-3212.
  • Aranegui Gascó, C. (2015). «Sagunto en la encrucijada. Topografía de las fortificaciones del oppidum». En J. P. Bellón et al. (Eds.), La Segunda Guerra Púnica en la península ibérica. Baecula: arqueología de una batalla, pp. 91-118.
  • Asín Alonso, I. J. (2022). Sagunto y el Tratado del Ebro como desencadenantes de la Segunda Guerra Púnica: entre el mito y la realidad. Trabajo Fin de Máster, Universidad Oberta de Catalunya.
  • Bonet Rosado, H. (2012). «Contextos arqueológicos de los textos ibéricos valencianos». Palaeohispanica, 13, pp. 389-400.
  • Bonet Rosado, H., & Mata Parreño, C. (1997). «Lugares de culto edetanos: propuesta de definición». Quaderns de Prehistòria i Arqueologia de Castelló, 18, pp. 115-146.
  • Fernández Nieto, F. J. (1969). «Beribraces, edetanos e ilercaones (Pueblos pre-romanos en la actual provincia de Castellón)». Zephyrus, XIX-XX, pp. 115-142.
  • García Alonso, J. L. (2003). La Península Ibérica en la Geografía de Claudio Ptolomeo. Vitoria-Gasteiz: Universidad del País Vasco.
  • Grau Mira, I. (2025). «The Iberians in the Valencian Country. Iron Age societies and landscapes on the central Mediterranean area». Catalan Historical Review, 18, pp. 9-23.
  • Mata Parreño, C. (2001). «Límites y fronteras en Edetania». Archivo de Prehistoria Levantina, XXIV, pp. 242-272.
  • Mata Parreño, C., & Quixal Santos, D. (2018). Los Iberos en la Comunitat Valenciana. Diagnóstico y avance. Plan Director Territorial Turístico.
  • Pena, M. J. (1992). «Estrabón y el nordeste de la Península Ibérica». Faventia, 14(1), pp. 91-114.
  • Pérez Vilatela, L. (1988). «La adscripción de Sagunto a sucesivas estructuras étnicas». Arse, 23, pp. 699-703.
  • Pérez Vilatela, L. (s.f.). «Cronología y cronografía de la caída de Sagunto y de la expedición de Aníbal». Arse, pp. 103-118.
  • Romeo Marugán, F., & Garay Toboso, J. I. (1995). «El asedio y toma de Sagunto según Tito Livio XXI. Comentarios sobre aspectos técnicos y estratégicos». Gerión, 13, pp. 241-274.
  • Uroz Sáez, J. (1982). «¿Turbuletas o turdetanos, en la guerra de Sagunto?». Lucentum, 1, pp. 173-182.
  • Wikipedia. «Edetanos».
  • Wikipedia. «Época ibérica en la Comunidad Valenciana».
  • Wikipedia. «Segunda guerra púnica».

También puede interesarte

Scroll al inicio